RECORTA-Jose Maria Fuentes-pila Estrada

Recorta el camino de la cartulina la tijera, entre manos infantiles de lengua fuera, de proyectos de estrellas, de murales de sueños, puertos y varaderos. Tijera que abre las agallas del lucio, entregando el soldadito que se tragó entre corrientes. Mares pegados al alma recorta la tijera del sastre del océano, rematando costas imposibles, perfiles de muchos que fueron nadie.
Recorta la tijera la rosa de papel, cometa sin más hilo que las manos que señalan su destino, allá en la luna ciega por un día luminoso.
Tijera que la muerte llora en su corte suave del hilo de la vida, que transforma en vestimenta de amor los mantos de nubes.
Tijera, corta por las líneas punteadas del odio y de la ira, no temas cercenar en un descuido el dedo autoritario que somete los muñecos de papel.
Recortables que se quedan sobre la mesa del mundo, trocitos de almas que buscan pares para bailar al viento.
Tijera, busca los relatos del amor entre miles de textos en papeles desangrados por la estúpida presencia de un relato de metal, que suena a hueco.
Recorta mundos de palabras, minúsculos y bellos, para poder entregarlos a los ojos de todos aquellos pajaritos de papel y piel que aman en libertad.

(Atribuido a Pablo Neruda)

“Nunca te quejes de nadie, ni de nada, porque fundamentalmente tú has hecho lo que querías en tu vida. Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo y el valor de empezar corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su error. Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, enfréntala con valor y acéptala. De una manera u otra es el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado así como la causa de tu futuro será tu presente. Aprende de los audaces, de los fuertes,de quien no acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas, sin eliminarlos, morirán. Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande que el más grande de los obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer.

Tú eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte,porque la suerte es el pretexto de los fracasados.”

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Solo proteína, sin conservantes ni colorantes El escritor da la sensación de no acabar de creerse lo que la vida le ha deparado

Juan Marsé.
Juan Marsé. JORDI SOCÍAS

En efecto, este escritor de origen biológico incierto, que según la leyenda fue adoptado sobre la marcha por un taxista, no tiene los ojos azules ni un hoyuelo en la barbilla, como le hubiera gustado; en cambio, gracias a su esfuerzo la vida le ha regalado un rostro digno de figurar en un cartel de Wantedjunto a los atracadores del tren de Glasgow. Imagino a Juan Marsétumbado en una hamaca en Copacabana, relamiéndose de gusto como un gato después de semejante hazaña, convertido en un Pijoaparte internacional en busca y captura, dicho sea con toda la admiración.

Aunque ha nacido en Barcelona en 1933, no se siente cobijado por ninguna bandera bicolor o cuatribarrada; esos trapos suelen estar sucios de polvo y de sangre, de falsos juramentos o, lo que es peor, de poemas infames de juegos florales. Cualquier clase de nacionalismo le parece una carroña sentimental y en esta fobia incluye también a la iglesia católica oficial, que tantos crímenes ha bendecido con mano anillada en oro. Hay que tener mucho cuajo para pensar y hablar así, pero Juan Marsé posee el don de envolver sus invectivas con un humor cáustico, de anarquista irredento, entre la retranca y el cabreo consolidado, que le exime de cualquier vilipendio y lo convierte en un simpático gruñón, con licencia incluso para disparar sobre el pianista y vaciar el cargador haciendo saltar en añicos toda la botillería del mostrador de la cantina.

Este escritor pertenece a esa clase exclusiva de personajes que son solo proteína, sin un gramo de grasa ni de excipientes, conservantes ni colorantes. A la hora de hacer literatura también tiene un espacio y un tiempo propio, poblado de personajes perdedores que van y vienen en su memoria de chaval durante la postguerra en los barrios del Guinardó, del Carmelo y de Gràcia, siempre iguales y en cada novela distintos, como agua de un manantial inagotable. Lejos de escribir de estructuras sociales, asigna a cada héroe su respectiva chepa, aunque por el fondo de la trama tejida con palabras corrientes discurre una poesía envasada que nace a medias del rencor y la nostalgia. Escribe sin verbosidades ni sonajeros, siempre desde una garita propia.

A Juan Marsé también le hubiera gustado tener de joven el juego de cejas de Clark Gable cuando en la oscuridad del cine Roxy de Barcelona soñaba con los mismos fantasmas que después cantaría Joan Manuel Serrat. La fantasmagoría cinematográfica ha sido un caldo de cultivo de su literatura y si no ha tenido suerte en tantas novelas suyas que han pasado a la pantalla no es por su culpa. Un rebote más con que cargar en la mochila, un motivo más para blasfemar.

Era un joven subalterno, empleado de una joyería, que iba para perdedor, con las manos en los bolsillos en las tardes desoladas de posguerra en Barcelona, pero lo salvaron las lecturas, los héroes literarios. Ya había hecho varias tentativas de relatos con que ganó algunos premios cuando le vinieron a ver en sueños un charnego desclasado, ladrón de motos, un tal Manolo, de apodo Pijoaparte y una rica muchacha progre del barrio de San Gervasio, llamada Teresa. Esos lances literarios solo suceden cuando un ángel se sienta en tu hombro. La historia de las últimas tardes de este tipo con esta chica cayó en manos de aquel grupo que tomaba whisky en la trastienda de la editorial Seix Barral jugando a ver quién era más moderno, cáustico y decadente, el propio Carlos, Gil de Biedma, Castellet, Joan y Gabriel Ferrater. Aquel escritor desconocido que había mandado ese original había dado en el clavo. Resulta que ese joven no tenía estudios, pero se parecía a Steve McQueen. Es lo que faltaba a la estética de aquel grupo, un escritor sin desbravar, con talento, que empleaba un lenguaje sin más identidad que la extraída a primer sonido de la calle, de los colmados, del taller, de las películas estadounidenses, de los lances de las chicas de Pedralbes que pasaban por su lado sin mirarle, de una especie de venganza contra el pasado, la dictadura, de la falsedad del cartón piedra de la política oficial y de la realidad inventada por la ficción como una necesidad para sobrevivir. La ficción es todo lo contrario a la falsedad. La parte que inventaba era la más auténtica.

Juan Marsé es ese escritor con chancletas que acaricia un perro en casa sentado junto a la mesa de la cocina y también ese señor disfrazado con un chaqué que recibe el premio Cervantes de manos del rey de España. Entre estas dos imágenes está la playa de Calafell, las hamacas en el jardín de Nava de Asunción con Gil de Biedma, los oscuros peluches de Bocaccio, los garitos de Tuset Street, los martinis secos en la barra de la botillería Boades, la redacción de la revista Por Favor, la sombra protectora de Carmen Balcells. Ha aceptado los honores, premios, medallas y demás metralla, con una sonrisa a medias de conejo y de impostor. Ha declinado la invitación de ingresar en la Real Academia de la Lengua, por lo mismo que Groucho Marx rechazaba hacerse de un club que lo aceptara como socio. Marsé da la sensación de no acabar de creerse lo que la vida le ha deparado. Tal vez piensa, como Rafael Azcona, que un día llegará a su casa un individuo de negro investido de autoridad y le pedirá que lo devuelva todo, que el éxito no ha sido más que una broma.

El ocaso de la eminencia | Cultura | EL PAÍS

El ocaso de la eminencia
¿Qué resuena, nos asombra o nos da sombra hoy precisamente mediante su altura?
VICENTE VERDÚ
27 JUL 2018 – 20:12 CEST
Los niveles del horizonte han estabilizado una misma elevación sobre la que reposa nuestro actual caudal de creatividad, nuestro fast and furious mental o nuestro índice de velocidad e intercambio.

Atravesamos por una época en que lo urgente y cuantioso priva sobre la mejor calidad y sobre su posible textura, hoy impotente o revoltosa.

El desarrollo democrático en su versión más perversa ha venido a comportarse como una cosechadora igualitaria hasta lograr que parezca el sembrado como una interminable planicie de igual, mejor y peor. De confín a confín del mundo no hay ya sabios ni monumentos eminentes sino escuelas y universidades de prestigio; no hay líderes sino mostrencos vestidos de carnaval nacional.

Desde hace medio siglo, por lo menos, este latifundio mundial en el pensamiento y el arte, en los crímenes y en la ambición, han cambiado el technicolor de la parcela admirable en una monótona y gigantesca plantación.

Ya pues toda esa época y su mundo orondo han perdido su cara particular para uncirse a una misma carreta cuya visión obstaculiza su deseable horizonte. Poco a Poco la sociedad ha perdido así la imagen de sus hitos más ejemplares para plasmarse en una postal cuya visión emborrona aún más la indiferencia de alturas.

Todos los elementos sagrados de ayer yacen moribundos y también medio difuntos los ensoñados confites por los que se llamaba a combatir. Venir. En el interregno no hay reyes. Hay bufos, pederastas o impostores con sus figura de yeso.

¿A dónde asirse pues para no atontarse más? ¿De qué fe valerse para no resbalar? La respuesta se halla en las mismas generaciones que antes dejaron la huella de sus talones sobre los lodos del solar. Antes era la queja de la soledad en medio de nuestra sociedad orteguiana. Después fue La muchedumbre solitaria de David Riesman, Nathan Glazer y Reuel Denney en 1950, cuando la masa se había apelmazado ya. Ahora, la muchedumbre embarazada. Su interior se ha convertido en vecindario y su personalidad es la marca blanca de encarar el desayuno.

Allanados por la planicie, familiarizados con el desierto, ni en la seca política ni en la intelectualidad abrasada siquiera se llega ya a sentir sed. El mundo es lo que es. Estos son los datos. Hoy por hoy son los que se perpetuan.

ARTE Y ARTESANÍA – Jose Maria Fuentes-pila Estrada

Arte que naces del abrazo de las manos y la tierra, miras con recelo al viejo artesano, último de la estirpe de quienes te regalan el bello nombre que lucen tus alas. Sonríe a tu abuelo, arte, anciano de blancos cabellos que la espalda inundan, dedos de mil años, sin más edad que la admiración del tiempo. Ojos de luz opalescente, brillar del rayo verde que señala cada último atardecer sin pretensiones del mañana.

Observa, arte, joven orgulloso, descendiente de Apolo al hijo de Egea, elaborando su más preciosa en el transcurrir de las lunas.

Cincela el cuello marmoleo, parsimonia de disfrute, convirtiendo el rostro en el de una diosa sin reino. Repuja el cuero su espalda, cada vértebra, en una minúscula duna de placer. La madera de ébano se recrea en las formas, brotando piernas, pechos y unos ojos de mirada errática.

Artesano que levanta las manos al cielo, pidiendo lluvia, bautismo de su creación. Telares de ensueño son sus cabellos, mosaico de luz, pieza a pieza, puzle del alma.

Encuadernas sus pensamientos en el libro de su piel, navegante lengua de ideas en su mente dibujada de mil y un sueños, jardín de una creatividad tan primitiva como el mundo.
Artesano paciente, lento caminar de tus manos en la figura que recreas. Enamorado de la vida, de cada trocito artesanal, recibiendo el contraluz de las vidrieras de un mundo ajeno a las locas estaciones. Cuchichean ellas mirando a escondidas por el ventanuco del eterno taller.

Noche de luna, proyectas la sombra del talento en la figura, resuelve su quietud. No te regocijes en la obra, no sufras, contemplando sin tocar. Es la hora, acerca la boca a su boca. Testigo es la luna, diosa, madre y luz que no ciega. Artesano, insufla amor en ella, la fría obra de mil maravillas será u abrazo cálido en tu lecho. Será el aliento en tu aliento, sus manos tallando la ventura en el viejo cuerpo, ajado por la sequedad de la existencia como espera de un final que nadie ha escrito.

Deja que sea ella, artesano, ella, amante de Arte, quien se recree en ti, déjate amar por la Artesanía convertida en Arte.

Jose Maria Fuentes-pila Estrada

FRACASO….Jose Maria Fuentes-pila Estrada

FRACASO

Fracaso… es la vida una teja, una campanada, tal vez el difuso horizonte de la mirada turbia que destila el ocaso, instante en el que una voz tibia, como el tacto de medusa, me dice que soy un fracaso.

Lidio con el destino monocorde, con la canción del olvido, libre siento mi alma, bondades en mi mirada. Doy la vida entre botijos, geranios y abrazos cortos, esos que quieren unir el pensamiento abierto, sin necesidad de urdir malicias a sotavento. Y la voz del mundo canta, sin perdón, sin compasión, eres un fracaso.

Fracaso es porvenir que a la espera de las cenizas de un alma por destruir en la estación de entre vías vigila el deseo de ser un éxito de salón, el de los tahúres que indican que debe fracasar, para la mediocridad sembrar los campos ocres del oro.

Fracaso que no hace ni caso al talento y a las cortinas del viento de geniales bocanadas de besos que arte son.

Fracaso es el Goguen, el loco pelirrojo, fracaso es el negro muerto que grita por la igualdad. Fracaso es el vivir sin la conciencia del morir.

Fracaso es no tocar el beso, como proa del pensamiento. Fracaso es un buen vivir, entre las sombras de luz, esas que alfombra de amor son, esas que no desesperan, el fracaso es un sorbo del frasco del más delicioso elixir, el de triunfo inmediato, el del relato entre los cascos del viejo caballo alado.

Y no hay desesperación porque el fracaso es un trago en el frasco de cristal de ese murano mundano, que al reír muestra sus dientes como colmillos al sol.

Fracaso es no morir de pie, fracaso es plegar la rodilla, es rogar el perdón de quien se ha comido el corazón.

Fracaso es no alcanzar la talla para cortar la cabeza del absurdo trotamundos que canta sus míseras verdades, esas que quieren convencer que nuestra vida es mentira.

Fracaso solo es, si acaso, morir en tierra de nadie, sin poder mirar a los ojos a quien decirle “Te amo”. Morir vacío de encuentros, de cuentos, de fantasías. Sonreír en el suspiro que más allá de la muerte, una huella en el pergamino, un garabato en el espejo, un adiós que no es fracaso, burlándose de la pedrada que quiere escribir el gañán sobre el fracaso del mundo que a los hombres y mujeres ni les viene ni les va.

JMFP

 

PREGUNTAS…¿? Jose Maria Fuentes-pila Estrada

PREGUNTAS…¿?

Obtusa, impertinente, vaga, abstracta, es la pregunta.

Pregunta que es más inteligente que la respuesta que se bate entre los dientes, como esgrima en campo abierto, donde al final es la muerte la respuesta irrelevante.

Pregunta tonta, la que tiene por respuesta “esa pregunta es absurda”, quizás porque entre preguntas solo tememos respuestas, acomodado el marciano en la cuna del planeta donde se preguntan si hay vida. Pregunta es una puerta, una ventana, una celda, un manicomio, un teatro, el libreto de una ópera que por fallida, la gente se pregunta qué ha pasado. Pregúntase el mundanal bullicio cuando el estallido escucha, cuando la ambulancia aúlla, o el fracaso aplasta el sombrero de copa de terciopelo triunfal.

Pregunta el joven a su espejo, la niña a su almohada, el padre a su osito de peluche, la madre al relojero, pero las preguntas se estruja entre el alma y la mente clara, que turbia tiene que estar para no escupir la pregunta y joder el manantial. Ese que de aguas fecales a veces bebemos sintiendo que es absurdo preguntarse porque bebemos de mierda que ni la sed ni la fe nos sacia ni condimenta.

Preguntas sin temores las que aceptan el no, el error, las vanidosas no valen porque son respuestas con un pobre signo de interrogación.

Y así salmo tras salmo, hace el personal que pregunta, básicamente, usted disculpe,

¿Me puede decir que hora es?

Más allá de la prisa y la espera, las preguntas son odiosas para quienes no quieren dudas, pues la certeza escatima en esperanzas inciertas.

Preguntas, sabias danzarinas de un Degas de amanecer, se mueven entre callejas de horizontes insondables. Quién sabe si tras la esquina, un horizonte se abrirá, si todo el mundo me dice que la tienda de don Cosme, ultramarinos y más, ha cerrado la persiana por la pena que le da, no escuchar el viejo buque de sus recuerdos piloto.

Es pregunta una caricia, al sentir la respuesta suave que entre el beso y el escucho en la oreja de mar, caracola de amor puro te pregunta en un susurro… ¿escuchas?

JMFP

“Con el tiempo te das cuenta”…. jorge luis borges.

“Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el amor no significa acostarse,
y que una compañía no significa seguridad,
y uno empieza a aprender…

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta
y los ojos abiertos,
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.

Y uno aprende que si es demasiado
hasta el calor del sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno es realmente fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende… y así cada día.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz
de amarte con tus defectos y sin pretender cambiarte
puede brindarte toda la felicidad.

Con el tiempo aprendes que si estás con una persona
sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados
y quien no lucha por ellos, tarde o temprano,
se verá rodeado sólo de falsas amistades.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira
siguen hiriendo durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente es muy probable que la amistad nunca sea igual.

Con el tiempo te das cuenta que aún siendo feliz con tus amigos,
lloras por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida,
con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta que el que humilla
o desprecia a un ser humano, tarde o temprano
sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el sendero del mañana no existe.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen ocasiona que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
añorarás a los que se marcharon.

Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba, ya no tiene sentido.

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo…”

 

"con el tiempo te das cuenta" jorge luis borges

 

FLORES NEGRAS…Jose Maria Fuentes-pila Estrada

 

FLORES NEGRAS
No está de luto el jardín, no es el reflejo de la noche, dos flores negras miran de reojo al jazmín, flores de azabache en abril. Flores negras incomprendidas, vestimenta de campanillas y azabache, altivas, largas y elegantes en su porte. Flores negras, subterránea existencia, ciegas bajo tierra, prisioneras de un asfalto que pisa la bota de hierro, como células de oscuro devenir que transitan por debajo de la piel de ese planeta que negro horizonte le pinta la mano traidora. Flores negras, rescatadoras de los colores que se apagan entre la humareda de necios, entre zarpazos al azul del cielo que en el mar refleja su verde esmeralda fallido. Flores negras, ojos mutilados de niñas de morena piel, flores negras, amantes proscritos que entre sombras rompen los muros de castillos que castigan el amor. Flores negras, reos de la injusticia, entre rejas siguen regando de esperanza los esquejes del pensamiento. Flores negras, las que guardan la cultura en los calcetines, mientras pasan por los arcos de aeropuertos que anulan el más mínimo pensamiento. Flores negras, guerrilleras de un mañana que no espera más que ayer, mirando en el ojal de la solapa cómo el viento se llevó el clavel de la decencia.
Flores negras, entre Siria y Líbano brotan por miles, dejando en los caminos de los jardines de Versalles los pétalos de la vergüenza. Flores negras, desérticas, amazónicas y polares. Africanas, indias, y latinoamericanas. Sangran sus raíces derramando la savia negra, tinta mágica que reescribe la historia con el derecho a soñar, con las alas negras abiertas en un vuelo de libertad.
Flores negras, las que crecen en las macetas de la escuela del maestro que no enseña, que aprende, de las miradas negras de sus alumnos salientes, en su inocencia de luz, que despliega del negro el color. Flores negras cultivan el ser, por mucho que no le dejen estar. Bella la flor negra en su pelo, inspiración de un corazón que, si dicen negro, lo será siempre de amor.
JMFP