DESVELO

Desvelos cantan los luceros mirando la vida y sus cancioneros desde eternas atalayas de silencio. Desvelo, ánimo que agita el alma, que el cerebro enciende y la mente alerta, como vigilante constante, ese que siempre es consonante con la guardia cada noche.

Desvelo, reflejo del escritorio que mira los ojos, oráculo de creatividad que se escapa entre caladas de amor. Desvelo con el algodón en la frente del pequeño hasta que la fiebre hace crisis con el alba anaranjado.

Desvelo, vigilia forzada, cuando no apasionada, que desvela los ojos cristalinos de un mar de luces, luciérnagas del bosque de olas que la marea trae al pie del roble.

Desvelo, dichoso a veces, sortilegio de respuestas que no anidan en la esencia, que surgen fantasmales a la luz de la última vela.

Desvelos son los sainetes de la vida, las procesiones de miedos que remontan las callejas, escuchando los lamentos de quienes duermen su afán. Desvelos de lecturas, de pinturas imposibles, de planos y puentes colgantes, de obsesiones que se agitan para dar vida al velo que el sueño pone sobre el rostro cansino.

Desvelos en las urgencias, en los pasillos sin más ventanal que la reja de la celda.

Desvelos en las camas cuidadas por amores ancestrales. Desvelos de caminantes, de errantes seres de un mundo que sin mundo dejamos a la puerta de la esperanza.

Desvelos que no buscan la cama, que no cardan la lana de las sombrías literas de mandatarios inútiles, esos que no tienen más desvelo que velar por el poder.

Desvelos de amor, de dolor, de hambre de libertad, páginas que se escriben solas en el desvelo eterno del libro, en la campanada final, que sin desvelo deja, que del desvelo libera la muerte al que desvelado ya solo pide el sueño.

Desvelo, mágica aparición, la que desvela sonrisa, abrazo y el beso al retirar el anhelo. Ese que nubla los ojos cuando me agarro a la razón, terreno de sinrazones en el que quizás, mil razones lluevan en la tormenta que nos desvela en los miedos, en la belleza del rayo que de la calma nos dé tempestades de risas en el abrazo final.

Jose Maria Fuentes-pila Estrada

 

TRISTEZA. De todos y por todos temida

Tristeza, bella dama de noche, sombra de día que se alarga sin certeza entre senderos de miradas que al suelo miran. Tristeza, compañera de viajes que en el último vagón del viejo tren recorres los raíles de lejanos sueños. No llamas a las lágrimas que se secan como la flor del almendro en la primavera helada. Tan solo pasas páginas de absurdos libros que nadie titula por miedo a sus propios miedos. Madre de monstruos imaginarios, cantas las viejas nanas de ojos que se cierran mirando la noche entre diluvios de sonrisas que guardas en tu armario de caoba.

Tristeza, ángel que se posa en la ventana de la ridícula alegría, testigo de los golpes de la vida, de la realidad marchita que niega ese patético optimismo que la felicidad reclama.

Tristeza, inspiradora verdad que no proclama salmos de esperanza, mecedora de una espera que no exige danza. Quietud que acaricia los seres alados, reafirmando su presencia en la cuna de musgo allí, en el claro del bosque escondido. Bosque de sueños perdidos. Tristeza, honesta acompañante, sincera en tus compases, en la voz que no atormenta, en los pasos que no pesan.

Liviana tristeza que dices para, al alma que se ciega en el arrebato del sufrimiento, boya que surge de la profundidad de un mar violeta, mira a sus ojos cansados de pena, besa sus párpados, acaricia su pelo. Pero hazlo solo para despedirte de ella. Regálale la sonrisa en paz, la libertad de amar, el gozo de la vida entre rondas de dibujos que te ilustran con infinita belleza.

Tristeza, posa desnuda al contraluz, mueve tu rostro levemente, mírame sobre el viejo y pálido horizonte. Trazo tus bellos rasgos en el lienzo sepia de una vida que apergaminada no tiene más miedo que el de no reconocerse en el espejo de la eterna marea que la ola espera.

Tristeza, camina sola por un tiempo. Ya te encontraré entre pasillos que con laberintos confunde, entre angostas calles de mañanas macilentas. Pero ahora camina sola, porque no te necesito, tan solo como crisálida debe convertirse en la más bella mariposa que siempre ha sido en mi pensamiento.

Tristeza, loca enamorada de la luna, es fácil encontrarte confundida entre sótanos y cárceles, en manicomios y cementerios, aunque tu palco ocupas cuando al abrirse el telón de la última función, sin aplaudir observas esperando el canto más lejano de tu viejo corazón.

Jose Maria Fuentes-pila Estrada

 

INTENTAR…….Jose Maria Fuentes-pila Estrada

Intentar es el instinto de dar un paso sin mirar atrás. Intentar es tan bello que a veces el maestro, el padre, el amigo, gritan eso de no lo intentes, consíguelo, sin parar a imaginar el trance del éxito, ajeno al placer del viaje del intento.

Intentar es aceptar la incertidumbre como joya que nos saca de la podredumbre certera de lo que no soy capaz. Intentar es acariciar la imaginación, como cabellos al viento en el anhelo de alcanzar la gracia y la dicha aceptando la desdicha cómo parte del éxito de intentar.

Intentar es amar, eso dice la ninfa y no le falta razón en honor a la verdad. Porque intentar es el grito del deseo, del deseo de intentar, del deseo de la mirada sonriente que conduce al viejo mar.

Intentar es caminar en el fango del fracaso, evitar el no lo intento por si acaso. Intentar es el coraje de abrir nuestros armarios, desvanes de sueños empolvados de relatos ajenos al presente. Espada de palo, gorro de papel y escudo de cartón, son las armas que hacen poderoso el intento, ese que se mueve entre ramas del roble soñador.

JMFP

ACENTO…(TILDE INCLUIDO)

Ponga atención, ponga el acento en lo que considere será la llave de su talento, escaparate de joyas, capacidades y baratijas. Acento es montaña, llanura y cavernas, aguda la idea, llana la mente, esdrújula la bruja blanca, la que entre canteras de oro esculpe al dios de las letras para que parezca el sarmiento de la sabiduría escrita.

Vidas átonas, esas que no escriben acentos, que igual les da lo que digan, lo que escuchen lo que ocurra, porque todo es lineal en las letras, que ya vendrá la sorpresa, el llanto, el dolor o la alegría, vestida de musaraña, para repartir acentos y dejar la fiesta en nada, como la sala de espera del hospital de la cuesta.

Acentos, colores de las letras que ya pintar no os quieren, como gotitas de lluvia que señalan la canción de lo que contamos ser. Acentos rojos, azules, grises en la llanura, blancos los invisibles que no acentúan aunque tono tienen, tonadillera es la voz que marca el son, sin perder el buen humor aunque el acento la vida ponga en la desgracia sufrida, en las venturas por venir. Esas imaginarias, luminarias de esperanza que sonrisas posan en el campo de semillas, que un día serán acento de nuevo vivir para el niño.

Muerte no lleva acento, vida no lleva acento, ni bueno, ni malo, ni loco, ni gordo ni flaco. Se quedaron esperando en la llanura sin marca, pudiendo pasar de puntillas, o tener presencia exacta, entre valles esperando la agudeza del firmamento, la esdrújula picardía del hombre, siempre desembocando en la llanura.

Acento tampoco tiene por méritos el amor como concepto, ni la palabra que llora que le pongan ese golpe, ese que hace resuene el desfiladero del miedo, abriendo ríos de acentos por las aguas del vivir. Oigan señores lectores, que pocos acentos encuentro en este corrillo de letras, que van buscando la tilde como la silla del que se fue a Sevilla.

Pasión, ese acento que no olvida ni el moribundo que escribe su última voluntad, pasiones que de paso roban el acento a la pasión. Ilusión, dale y dale con la aguda contundencia de quien conduce un camión, al final la carretera desdibuja el horizonte para dormir la canción que nana parece entre luces estrelladas bajo la luna menguante.

Acentúen sus sueños, aprendan a acentuar, dándole golpes de teclas al piano de su corazón. Miren por la ventana del tiempo, entre gigantes y cabezudos, alcantarillas de luz, praderas de oscuridad. Y si escribir con acentos, supone reescribir la vida, No duden en coger la pluma, recordar la llanura, la cima y el valle, escudriñar en su brújula, para pintar monigotes que a escribir nos enseñarán. Esos que todos tenemos, esos de trapo y espuma de olas de un día tan lejano cómo cercano, que la mano conducirá hacia destinos de libertad. Palabra aguda para el uso de los gobernantes, llana para los esclavos de un mundo feliz, esdrújula sin soniquete para quienes saben hacer el torniquete a la sangría de nuestra imaginación.

Y acabo esta retahíla mirando desde el balcón, tan breve como florido de rosales y buganvillas, marco para un bello cuadro, sin más acento que el tiento, ese de sonreír, al sentir la playa moverse, como las huellas descalzas. Para tomar el café cada mañana mirando los ojos del porvenir.

Jose Maria Fuentes-pila Estrada