PREGUNTAS…¿? Jose Maria Fuentes-pila Estrada

PREGUNTAS…¿?

Obtusa, impertinente, vaga, abstracta, es la pregunta.

Pregunta que es más inteligente que la respuesta que se bate entre los dientes, como esgrima en campo abierto, donde al final es la muerte la respuesta irrelevante.

Pregunta tonta, la que tiene por respuesta “esa pregunta es absurda”, quizás porque entre preguntas solo tememos respuestas, acomodado el marciano en la cuna del planeta donde se preguntan si hay vida. Pregunta es una puerta, una ventana, una celda, un manicomio, un teatro, el libreto de una ópera que por fallida, la gente se pregunta qué ha pasado. Pregúntase el mundanal bullicio cuando el estallido escucha, cuando la ambulancia aúlla, o el fracaso aplasta el sombrero de copa de terciopelo triunfal.

Pregunta el joven a su espejo, la niña a su almohada, el padre a su osito de peluche, la madre al relojero, pero las preguntas se estruja entre el alma y la mente clara, que turbia tiene que estar para no escupir la pregunta y joder el manantial. Ese que de aguas fecales a veces bebemos sintiendo que es absurdo preguntarse porque bebemos de mierda que ni la sed ni la fe nos sacia ni condimenta.

Preguntas sin temores las que aceptan el no, el error, las vanidosas no valen porque son respuestas con un pobre signo de interrogación.

Y así salmo tras salmo, hace el personal que pregunta, básicamente, usted disculpe,

¿Me puede decir que hora es?

Más allá de la prisa y la espera, las preguntas son odiosas para quienes no quieren dudas, pues la certeza escatima en esperanzas inciertas.

Preguntas, sabias danzarinas de un Degas de amanecer, se mueven entre callejas de horizontes insondables. Quién sabe si tras la esquina, un horizonte se abrirá, si todo el mundo me dice que la tienda de don Cosme, ultramarinos y más, ha cerrado la persiana por la pena que le da, no escuchar el viejo buque de sus recuerdos piloto.

Es pregunta una caricia, al sentir la respuesta suave que entre el beso y el escucho en la oreja de mar, caracola de amor puro te pregunta en un susurro… ¿escuchas?

JMFP

FLORES NEGRAS…Jose Maria Fuentes-pila Estrada

 

FLORES NEGRAS
No está de luto el jardín, no es el reflejo de la noche, dos flores negras miran de reojo al jazmín, flores de azabache en abril. Flores negras incomprendidas, vestimenta de campanillas y azabache, altivas, largas y elegantes en su porte. Flores negras, subterránea existencia, ciegas bajo tierra, prisioneras de un asfalto que pisa la bota de hierro, como células de oscuro devenir que transitan por debajo de la piel de ese planeta que negro horizonte le pinta la mano traidora. Flores negras, rescatadoras de los colores que se apagan entre la humareda de necios, entre zarpazos al azul del cielo que en el mar refleja su verde esmeralda fallido. Flores negras, ojos mutilados de niñas de morena piel, flores negras, amantes proscritos que entre sombras rompen los muros de castillos que castigan el amor. Flores negras, reos de la injusticia, entre rejas siguen regando de esperanza los esquejes del pensamiento. Flores negras, las que guardan la cultura en los calcetines, mientras pasan por los arcos de aeropuertos que anulan el más mínimo pensamiento. Flores negras, guerrilleras de un mañana que no espera más que ayer, mirando en el ojal de la solapa cómo el viento se llevó el clavel de la decencia.
Flores negras, entre Siria y Líbano brotan por miles, dejando en los caminos de los jardines de Versalles los pétalos de la vergüenza. Flores negras, desérticas, amazónicas y polares. Africanas, indias, y latinoamericanas. Sangran sus raíces derramando la savia negra, tinta mágica que reescribe la historia con el derecho a soñar, con las alas negras abiertas en un vuelo de libertad.
Flores negras, las que crecen en las macetas de la escuela del maestro que no enseña, que aprende, de las miradas negras de sus alumnos salientes, en su inocencia de luz, que despliega del negro el color. Flores negras cultivan el ser, por mucho que no le dejen estar. Bella la flor negra en su pelo, inspiración de un corazón que, si dicen negro, lo será siempre de amor.
JMFP

 

LA MALA….JoseMaria Fuentes-Pila

LA MALA…

La Mala la llamaban entre dientes, sin saber qué la diosa no miraba la torre de marfil que toca el cielo con sus manos eternas y severas pinceladas de geranios entre balcones de vida. Mala porque altiva mira a los que dicen ser buenos, porque no da limosna a los que mendigan la dignidad. Mala porque los corazones no son lisonjas que decora en su collage, ese de vida y trozos de la más bella creatividad, la que de nada.

Parece surgir para coser una primavera de abril.

Mala la dicen porque no perdona ni pide perdón, sin saber el mundanal susurro que la mala no ha hecho daño sin una buena razón. La de guardar sus principios, salvaguardar su lealtad al designio de su más alta pasión. Mala le dicen a la suerte, cuando el tonto de capirote, esperando parecer listo, invoca tan dulce presencia para cagar los pañales de su mente infantiloide. Mala cosecha, quizás porqués tiempo de cambiar la cebada por trigo, mala baba, la que el domingo de ramos, cualquier domingo del año, a trabajar llama el jefe, cuando la toalla colgaba suplicando un hueco en la playa.

Malas artes esas que dicen tener y usar los que entre sombras hacen trampas a la vida que a su vez se entrampa en historias de dormir para no dormir. Artes no hay malas, salvo que rujan cansadas de tanta belleza y rutina que ya no encienden la chispa de la mirada candente que se apaga cómo el cirio, con el soplido del sacristán que las puertas cierra al convento para que no entre la luz.

Mala porque no me hace caso, mala porque no mira al suelo, porque el orgullo es bandera y la palabra metralla contra la vil ignorancia travestida de intelecto. Mala vida le dicen al yonqui, al borracho y al tarado, mala vida que acuna sueños lejanos para volver a nacer en la orilla de un ancho río, que no se sabe si es mar.

Mala mar, escudriña el capitán, mirando sin contemplar, tan solo dejando que el viento haga de la mar la mala para hacer volar el barco, más allá de la odisea que el argonauta contó. Mala dicen la madrastra y el padrastro, seres de cuentos infames, etiquetados por la siniestra sombra del redactor. Mala la cara del mal encarado, la del que muriéndose esta sin saberlo pero eso sí, amarilleando los ojos, la piel se vuelve ceniza.

Mala muerte la de aquellos que enterrados a escondidas, no pudieron ser despedidos, como perros murieron entre pecados que contaron, se inventaron por ventura, para ser el escarnio de los próceres de bondad. Mala, suelta el pelo a carcajadas, en este domingo de urnas, de playa flaca y al perro todo son pulgas. El beso aplaca a la Mala, dibujando su sonrisa, esa que de mala es tan bella, que nunca se borra de golpe, salvo cuando un golpe de timón da.

JMFP

ARGUMENTOS…..Jose Maria Fuentes-pila Estrada

Argumentos, cortinajes que recogen el ser y el no estar, el estar sin ser, como torrente de lamentos que arrastran hojas de otoño por alcantarillas ocultas, eso que son verdades que al paso salen para dar vida a los bellos monigotes convertidos en siembra de falsos cimientos.
Argumenta el listo sobre el tonto, busca el tonto entre la enquina de su espejo, rostro de listo, la forma de torear la bestia que fermenta en ese mirar que argumenta con los pitones brillantes de sangre por venir.
Argumentos infantiles, los que como papel higiénico gasta el niño dejando la mierda adornando su culo, convencido de la bronca, pero que no falte defensa a su trompo que dice la madre es trompa.
Argumentos tan largos como ladrillos apilados al cielo, tantos como la muralla china ordenando la idiotez del que desmontar quiere la frase fresca, espontánea, sin más argumento que la bella mirada.
Argumentos bíblicos, científicos, tan racionales que encadenan filas de vidas convencidas de anatemas, teoremas y verdades, que hacen del mundo pantalla en la que todos argumentan.
Argumentar para no ser creído, tan solo ser aplaudido por las manos de tibia sangre que solo argumenta en el circo, payaso que entre gracia y gracia ya no argumenta su llanto.
Argumentos, lenguas en movimiento, molinillos de vago viento que los vocablos escupen como martillazos al alma que esquiva uno, dos golpes, para salvar el talento que en silencio se recrea en esa creatividad manifiesta, por cierto amordazada, porque prohibida tiene la manifestación expresada.
Argumentos son clarines, la voz cantarina y falsete en el teatro del mundo, donde cien mil argumentos se cosen para decir amor con un sólido significado. No es necesario, maestro, que me argumente el amar, que entre legajo y legado, costras de la existencia, semillero es el terreno donde la lluvia abona los nuevos significados. Esos que al mirar al sur, allá donde el viento me llama, acercarme sin argumento es tocar el cielo sin más.

JMFP

 

LA PENULTIMA CENA………Jose Maria Fuentes-pila Estrada

Mansión de atardeceres, sombras que los árboles recogen cada mañana para dejar que el sol limpie las polvorientas estanterías repletas de libros a medio escribir.

Páginas que esperan con temblorosa emoción el sonido de la puerta por abrir. Silencio de medio día, algarabía de la noche, esa que despierta a las doce, con el pasear de candelabros encendidos por ninfas Mansión de atardeceres, sombras que los árboles recogen cada mañana para dejar que el sol limpie las polvorientas estanterías repletas de libros a medio escribir.

Páginas que esperan con temblorosa emoción el sonido de la puerta por abrir. Silencio de medio día, algarabía de la noche, esa que despierta a las doce, con el pasear de candelabros encendidos por ninfas apenas visibles entre cortinas de luz, luciérnagas disfrazadas de llamas que acomodan sus cuerpos en las velas inmaculadas.

Tintinear de copas, de cubertería de alpaca, aquella que quedo en la alacena después de vender la plata. Luna que asoma a la mesa de caoba, en la hora de la cena, saludos invisibles, puertas que las almas atraviesan con respeto, primero llaman, después pasan, mientras la cocina danza en manos de Vestigia, la eterna cocinera que los duendes pintan de gris sus iris tristes.

Doña Amelia, señora de las tierras que asoman por el ventanal al norte, preside la mesa con el repique del cuchillo en su copa de murano, la única que conserva, siempre sobre el lomo del piano. Su marido, consorte en ciernes, que murió hace cien años, defendiendo el honor de la familia en un duelo a pistolón, quedo muerto en el espigón, sin más dolor que tropezar como consecuencia del ron. Mal disparo el suyo que en la caída apunto a su barbilla saliente, saltándose todos los dientes antes de batir su mente. Sigue esnifando el rapé de su cajita de plata a la diestra de su esposa sin más efecto que el gesto, ese de alivio aparente luciendo su agujero en la boca.

La tía Prudencia, difuminada en la esquina, atenúa su sonrisa, recordando que en su histeria descubrió que el orgasmo era bálsamo de su síntoma, y que entre orgasmo y orgasmo, sucumbió en un latigazo de nadie sabe qué extraña presencia.

El agrio notario, siempre presente, el que firmó la sentencia de muerte de la fortuna pretérita, no ceja en sentarse a la mesa, ahora que no es cuerpo presente aunque la señora le observa indolente deseándole la vida para volver a acarrearle la muerte.

Los gemelos en la otra punta, con la nana Josefina, los tres risueños, pendientes de que empiece el pasa platos, a la espera del postre, aquel de nata y limón que sin hacer la digestión en un notable atracón, en el río dejo flotando sus sueños y algarabías, mientras la nana volaba por el bocal del olvido en la desesperada fortuna de morir en paz y amen.

Agotadora mansión cada noche de San Juan, la que en la casa celebra la pasión sin relato carnal. Y mientras la velada transcurre entre silencios y chanzas de fantasmales presencias, el rocío se cuela por la ventana abierta del más bello desván. Allí espera dormido el que habitante real esconde su espera y deseo, entre relato y relato. El joven de carne y hueso, el que allí se quedó, reconstruyendo la casa después del incendio fatal. Réplica de la primera, quizás más bella que la original, arquitecto de sueños, espera a su amada llegar

Solo al golpear la primavera los primeros aldabonazos al alma, el rocío se convierte en ella, desnuda sobre su cama. Allí, en el mar de sabanas, los besos tan reales son, que en el momento crucial, el de amantes sin fin, en el éxtasis de amor, la mansión su luz apaga, en un gemido de dos que uno son en un instante tan largo como la noche.

Y los espíritus por un momento se reencarnan y saludan, se despiden entre platos para regocijo de la cocina.

Y en la casa solo queda el sudor perlado y bello, ese que deja la marca, que no de sábana santa, sino del más bello relato ese que solo es de dos.

JMFP

A MALASAÑA EN EL DESPERTAR DE PRIMAVERA..

Son postales en los muros de las casas que sostienen las verbenas de recuerdos, los charcos de la lluvia entre pisadas urgentes. Fue la sangre hirviendo la que sacudió el yugo, la que enarboló el inocente coraje de Manuela Malasaña. Plaza de silencio, poesía dormida entre el pan, la frasca y el zapatero.
Tacones venidos de abajo, de donde la luna viste lunares, guitarrea el vejestorio, sintiendo codo con codo la existencia de ese barrio, que es plaza, orgullo y relato.
Maravillas fue bautizado, entre personas de ensueño, los vecinos que acristalan sus relatos en las calles. Maravillas entre abrazos, nacimientos y bodas de castiza alianza, velatorios de verdad en los pésames sinceros.
No fue monigote el tiempo, la cuchillada al francés que se creyó que Madrid era aldea de la de quitar y poner. Fue el redoble de dientes, la mirada del infante, la libertad en la sien, la que sacudió el retrato de vecinos que en bosque de armas grito al viento su devoción.
Botas negras, grises sombras, pero nada pudo secar la absenta que en los geranios hace crecer las canciones. Pórtico de ilusiones, melodías de emociones, historia que escribe el poeta que siempre pensó publicar, escribiendo a lomos del jaco, perdido en su afán de amar, sin más refugio que el alma regalado a la vecina.
Suenan campanas a muerto, rosario de brisa que fueron, quienes entre luz y escenario sintieron el edén de su retén. El de la guardiana de noche, velando las golondrinas, que avisan la primavera en el barrio de Malasaña. Allí luce el estanco, las escaleras de ayer, que a toro pasado sigue siendo memoria, la que a la gente le pone en pie.
Sonetos vagos de manos desnudas, esos que tanto afán tienen en la rima del verano, cuando las fuentes se ahogan del calor de los madriles. Manuela camina entre callejas, encendiendo las farolas de quienes siguen creyendo que ser libre es un derecho. Un anhelo, un suspiro, el ático en el que vivir allí donde sólo el cielo, saluda a los que se fueron.
JMFP

 

TEN DAYS…Como la vida misma.

Ten days, como si de una película se tratase, diez días, la vida en un puñado de horas, en un saco de minutos, en un cielo de segundos.

En el primer día nací, en el aprendí a llorar como forma de elevar las plegarias de deseos, esos primitivos que indican la inconsciencia del estar. Caca, culo, pedo, abrir y cerrar la boca, no querer cerrar los ojos entre voces que gordo llaman al infante sin definir.

El segundo día, por la infancia me colé, entre silencios y gritos, entre manos que abrazan, mimos y lealtades.

El tercero fue certero en la mudez de una garganta que se hacía adolescente. Esa que cubre las calles de reflejos opalescentes. Dibujos, monigotes de reprimidas pasiones, capitán trueno de legados, defensor de causas pérdidas, amigo de san judas.

Cuarto es el día de encuentro con el espejo que mira la mirada que no mira, entre faenas de hacer como que el mundo es feliz, entre lluvias torrenciales de pensamientos ancestrales. Ser o no ser, aunque lo importante era estar para seguir en ese luchar contra fantasmas y voces que todo lo ordenaba en una canción militar.

Quinto, día de vinos y rosas, borracheras de amistades, conocimientos abruptos, esfuerzos y longanizas, destino marcado a fuego que el perro se come contento mientras Quijote se lanza a la panza del molino.

Sexto, el día de los adultos, que por experiencia no falte, entre tener y perder, preocupaciones mundanas, las propias y ajenas construyen, los muros de nuestras prisiones. En las celdas acomoda el pecho la boca del niño, la rutina del vivir como éxito cansino por el hecho de sobrevivir.

Séptimo, el día del que decidió descansar, puestas las fichas en juego, ya por los valles caminan las animas de los recuerdos. Nostalgias y melancolías de quienes no ven futuro, salvo en la estrella de oriente que miran en el cielo oscuro. Encuentra en amor de rondón, así, como de sopetón, respira y grita de júbilo, entre cortinas de sueños renovados entre mares de luminosa presencia.

Octavo el día que ya no es el del señor, ni el de los señores de pro. El silencio calma el ansia de recorrer los caminos para buscar la mirada. La conciencia de existencia que sigue afirmando presencia. La del blanco cabello que atina a presumir de legados, de mitos y canta cuentos.

Noveno, día de viejos retales, de paseos entre cipreses. Esos que esperan pacientes, porque susurran curiosos al pisar sobre las huellas.

Y así la vida se cansa de los diez días tan largos, como eternos predicamentos que hacen bueno el sarmiento. Sobre la tumba de piedra, duerme una rosa marchita, acomodada en la esquina de la lápida musgosa.

Ten days, solo dice, nadie sabe qué significa. Tan solo el sol llora un rato al bostezar en el monte ocaso.

Vida de días, horas, minutos, segundos, concentrada queda la historia del salta días de vida, ese que no cuenta historias, que las vive sin prisión.

JMFP

 

DESVELO

Desvelos cantan los luceros mirando la vida y sus cancioneros desde eternas atalayas de silencio. Desvelo, ánimo que agita el alma, que el cerebro enciende y la mente alerta, como vigilante constante, ese que siempre es consonante con la guardia cada noche.

Desvelo, reflejo del escritorio que mira los ojos, oráculo de creatividad que se escapa entre caladas de amor. Desvelo con el algodón en la frente del pequeño hasta que la fiebre hace crisis con el alba anaranjado.

Desvelo, vigilia forzada, cuando no apasionada, que desvela los ojos cristalinos de un mar de luces, luciérnagas del bosque de olas que la marea trae al pie del roble.

Desvelo, dichoso a veces, sortilegio de respuestas que no anidan en la esencia, que surgen fantasmales a la luz de la última vela.

Desvelos son los sainetes de la vida, las procesiones de miedos que remontan las callejas, escuchando los lamentos de quienes duermen su afán. Desvelos de lecturas, de pinturas imposibles, de planos y puentes colgantes, de obsesiones que se agitan para dar vida al velo que el sueño pone sobre el rostro cansino.

Desvelos en las urgencias, en los pasillos sin más ventanal que la reja de la celda.

Desvelos en las camas cuidadas por amores ancestrales. Desvelos de caminantes, de errantes seres de un mundo que sin mundo dejamos a la puerta de la esperanza.

Desvelos que no buscan la cama, que no cardan la lana de las sombrías literas de mandatarios inútiles, esos que no tienen más desvelo que velar por el poder.

Desvelos de amor, de dolor, de hambre de libertad, páginas que se escriben solas en el desvelo eterno del libro, en la campanada final, que sin desvelo deja, que del desvelo libera la muerte al que desvelado ya solo pide el sueño.

Desvelo, mágica aparición, la que desvela sonrisa, abrazo y el beso al retirar el anhelo. Ese que nubla los ojos cuando me agarro a la razón, terreno de sinrazones en el que quizás, mil razones lluevan en la tormenta que nos desvela en los miedos, en la belleza del rayo que de la calma nos dé tempestades de risas en el abrazo final.

Jose Maria Fuentes-pila Estrada

 

TRISTEZA. De todos y por todos temida

Tristeza, bella dama de noche, sombra de día que se alarga sin certeza entre senderos de miradas que al suelo miran. Tristeza, compañera de viajes que en el último vagón del viejo tren recorres los raíles de lejanos sueños. No llamas a las lágrimas que se secan como la flor del almendro en la primavera helada. Tan solo pasas páginas de absurdos libros que nadie titula por miedo a sus propios miedos. Madre de monstruos imaginarios, cantas las viejas nanas de ojos que se cierran mirando la noche entre diluvios de sonrisas que guardas en tu armario de caoba.

Tristeza, ángel que se posa en la ventana de la ridícula alegría, testigo de los golpes de la vida, de la realidad marchita que niega ese patético optimismo que la felicidad reclama.

Tristeza, inspiradora verdad que no proclama salmos de esperanza, mecedora de una espera que no exige danza. Quietud que acaricia los seres alados, reafirmando su presencia en la cuna de musgo allí, en el claro del bosque escondido. Bosque de sueños perdidos. Tristeza, honesta acompañante, sincera en tus compases, en la voz que no atormenta, en los pasos que no pesan.

Liviana tristeza que dices para, al alma que se ciega en el arrebato del sufrimiento, boya que surge de la profundidad de un mar violeta, mira a sus ojos cansados de pena, besa sus párpados, acaricia su pelo. Pero hazlo solo para despedirte de ella. Regálale la sonrisa en paz, la libertad de amar, el gozo de la vida entre rondas de dibujos que te ilustran con infinita belleza.

Tristeza, posa desnuda al contraluz, mueve tu rostro levemente, mírame sobre el viejo y pálido horizonte. Trazo tus bellos rasgos en el lienzo sepia de una vida que apergaminada no tiene más miedo que el de no reconocerse en el espejo de la eterna marea que la ola espera.

Tristeza, camina sola por un tiempo. Ya te encontraré entre pasillos que con laberintos confunde, entre angostas calles de mañanas macilentas. Pero ahora camina sola, porque no te necesito, tan solo como crisálida debe convertirse en la más bella mariposa que siempre ha sido en mi pensamiento.

Tristeza, loca enamorada de la luna, es fácil encontrarte confundida entre sótanos y cárceles, en manicomios y cementerios, aunque tu palco ocupas cuando al abrirse el telón de la última función, sin aplaudir observas esperando el canto más lejano de tu viejo corazón.

Jose Maria Fuentes-pila Estrada

 

INTENTAR…….Jose Maria Fuentes-pila Estrada

Intentar es el instinto de dar un paso sin mirar atrás. Intentar es tan bello que a veces el maestro, el padre, el amigo, gritan eso de no lo intentes, consíguelo, sin parar a imaginar el trance del éxito, ajeno al placer del viaje del intento.

Intentar es aceptar la incertidumbre como joya que nos saca de la podredumbre certera de lo que no soy capaz. Intentar es acariciar la imaginación, como cabellos al viento en el anhelo de alcanzar la gracia y la dicha aceptando la desdicha cómo parte del éxito de intentar.

Intentar es amar, eso dice la ninfa y no le falta razón en honor a la verdad. Porque intentar es el grito del deseo, del deseo de intentar, del deseo de la mirada sonriente que conduce al viejo mar.

Intentar es caminar en el fango del fracaso, evitar el no lo intento por si acaso. Intentar es el coraje de abrir nuestros armarios, desvanes de sueños empolvados de relatos ajenos al presente. Espada de palo, gorro de papel y escudo de cartón, son las armas que hacen poderoso el intento, ese que se mueve entre ramas del roble soñador.

JMFP

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