NO ME OLVIDES (Día Mundial del Alzheimer)

Observo el mundo con la pátina del olvido. Recuerdo cuando en el colegio decían los más aventajados de la clase, “la memoria es la inteligencia de los tontos”.

Yo pensaba callado que quizás tuvieran razón, porque resolvían con extraordinaria facilidad un lenguaje encriptado que mi cerebro de ensueños nunca pudo resolver. Pero la memoria es la fuente del relato de mi vida.

Así que pensé, bueno, seré tonto, pero el cofre de mis recuerdos será un día recuerdo de otros.

Hace ya un tiempo me dijo alguien muy querido, con lágrimas en los ojos, “no me olvides”. Y yo sonreí como si fuera imposible olvidar a quienes amas.

A quienes te aman. Me encarcela el olvido a rachas, como suradas en la memoria, como golpes de sur en la ventana de mi mente que parece que el cerebro se empeña en tapiar con ladrillos de silencio.

Cuando me despierta el domingo con las risas de los que dicen son mis nietos, el estruendo me asusta, pero la niñita rubia y de ojos de miel me sonríe y es como si el alma se inundara de una marea de júbilo infantil.

Dormito en una isla de paz, quizás de lo que mi memoria dice que es paz, aquello que es parte de mi relato, del libro de mi existencia.

No puedo explicar a quienes han sido y son parte de mi vida, rostros velados, fantasmales, fugaces estrellas de un ayer que se resiste a volar a mi corazón, que soy yo. Que estoy, aunque sientan que no estoy, que para ellos sigo siendo el que fui, el que soy, aunque mi mente se burle de la realidad.

El amor no es potestad de la poesía, ni del romántico existir. Y a veces huele a hierba fresca aunque la pradería esté a años luz. El aroma inconfundible de las manos de la madre, el olor a lavanda del pelo que todavía busco sin más ruta que la intuición del olfato que rastrea entre archipiélagos de recuerdos que no puedo coser.

PD. No hay olvido en quien recuerda. La familia es el más bello lugar de pertenencia en el que sentir el recuerdo de quienes pueden construir el relato de aquel que olvida porque el árbol de su memoria, de su mente, se deshoja en un constante otoño. Seguir legitimando la presencia de quien amamos es construir una realidad que, aunque parezca ajena a quien no es consciente, forma parte de NUESTRO UNIVERSO EMOCIONAL. Mi reconocimiento a todas las familias que recuerdan cada día a quien no puede con su mirada, su amor, su acompañamiento. Mi reconocimiento a quienes buscan soluciones desde cada laboratorio, buscando respuestas a las preguntas que la ciencia, la complejidad del cerebro nos formula.
JMFP

Nunca te quejes (atribuido a Pablo Neruda)

“Nunca te quejes de nadie, ni de nada, porque fundamentalmente tú has hecho lo que querías en tu vida.

Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo y el valor de empezar corrigiéndote. El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, enfréntala con valor y acéptala. De una manera u otra es el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado así como la causa de tu futuro será tu presente.

Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien no acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas, sin eliminarlos, morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande que el más grande de los obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.”

Ser Español «MANUEL VICENT «

Los que están contentos de ser españoles no saben el placer masoquista que se pierden tratando de no querer serlo

Se cumple el décimo aniversario de la muerte del periodista Haro Tecglen, ejemplo de español amargado, que necesitaba una calamidad cotidiana para que su prosa brillara como un diamante.

 Su columna diaria en este periódico era la garita desde la cual disparaba contra los recuelos del fascismo atrincherados en democracia.

 Su pesimismo congénito le dio autoridad para ser un profeta de nuestro pasado. Actuaba como un maqui perdido en la serranía que nunca aceptó que la guerra había terminado y disparaba contra los aviones que creía de combate cuando en realidad iban cargados de turistas.

 Se sentía un perdedor nato y en esto no admitía rival: era el perdedor que primero entraba en la meta, otra señal de españolismo depresivo, que es el verdadero.

 Cánovas del Castillo en el Congreso de los Diputados zanjó el largo debate del artículo sobre la nacionalidad española en el Código Civil de 1889 con esta despectiva afirmación: “Son españoles los que no pueden ser otra cosa”.

 Desde entonces los españoles se dividen en dos: los cabreados a los que les duele España, la maldicen pero trabajan, y los contentos a los que no les duele nada y cantan pasodobles sombrero en mano.

 Los que están contentos de ser españoles no saben el placer masoquista que se pierden tratando de no querer serlo. Desde los afrancesados, empezando por Goya que murió exilado en Burdeos, hasta Bergamín que por despecho se hizo proetarra o Berlanga a quien Franco calificó de ser mal español por haber rodado El verdugo, nada más ibérico y racial que gritar: no me da la real gana de ser español.

 La verdad está en el verso insigne del Mio Cid: “Oh, qué buen vasallo si hubiera buen señor”. En efecto, ese señor tiene la culpa de todo.

 En este estado cataléptico, saciado de catastrofismo en que está postrado hoy nuestro país, la pluma de Haro hubiera brillado en todo su esplendor.

LLUVIA-Jose Maria Fuentes-pila Estrada

Buenos días, lluvia, cortinaje de alivio a sequedades ocultas que resquebrajan la piel de la vida. Lluvia que te ríes de los gestos mal encarados que gotean sus aleros sin sombreros, canalones de arterias saneadas por el maná sin más milagro que el capricho henchido de un cielo lleno.
Abres lluvia los paraguas del pensamiento que protegen de tus frescas ideas, habitantes de casas cambiantes de formas, grises, blancas, casitas refugio de sueños. Discusiones entre nubes y claros, diserta, lluvia sobre el reverdecer de la esperanza.
Lluvia que repicas en las cristaleras del amanecer, que adornas la cama de los amantes con el abrazo protector que sin mojarles les moja. Lluvia que salpicas los caminos del mundo de torrentes de garabatos infantiles, deseada en los desiertos de la vida, anhelada como mano en la mejilla del que llora sin más lágrimas que la pérdida. Lluvia, pintas gotas en la espalda, te deslizas en el contorno de la belleza, guiñas el ojo del sur que no llega. Lluvia, así es tu caricia amorosa de vida, como la lluvia que me empapa sin paraguas ni sombrero porque siento el alma inundada de vida. Así eres, lluvia. Charco convertido en océano a la orilla de una sonrisa que se dibuja cuando sorbo tus palabras invisibles. Mi lluvia.

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